El Partido Revolucionario Institucional en Veracruz no cae, se sigue desmoronando con precisión. La renuncia de Héctor Yunes Landa, después de más de cuarenta años de militancia, no suena a portazo sino a pala: la última, bien medida, sobre una tumba que el propio priismo excavó con sello oficial.

La escena llega a un año de la muerte de Fidel Herrera Beltrán, algo así como el corte de listón del mausoleo del viejo régimen. Flores de plástico, discursos de mármol y la memoria convenientemente editada. Un adiós elegante para una maquinaria que convirtió la política en negocio familiar con cláusulas de confidencialidad y de impunidad.

Yunes Landa ordeñó la ubre priista hasta antes de que escurriera sangre. La verdad -dicen sus amigos- no dejó crema ni para el café. Hoy, sin ese establo que lo alimentó, asomará la lógica de supervivencia: cambiar de corral sin cambiar de mañas. El color es accesorio si la naranja sigue soltando jugo. Y ahí, el reencuentro con Dante Delgado Rannauro no sería sorpresivo, sino un trámite administrativo. La política como ventanilla única donde se reciclan convicciones y se sellan lealtades.

Las explicaciones vendrían con moño. Citas finas, tono doctoral y la vieja costumbre de firmar pensamientos ajenos. “Las cosas no son, van siendo”, repetirán con solemnidad de sobremesa, como si la frase no fuera de José Ortega y Gasset sino de algún iluminado de comité. En la aldea, donde la improvisación se vende como estrategia premium y la memoria pública se renta, la máxima sigue vigente: el que no conoce referentes, cualquier barbón le parece profeta.

No hay épica en la salida. Hay cálculo con calculadora prestada. Lo que se perfilaría no es proyecto, es espectáculo; dos voces, muchas metáforas y poca, muy poca política. En Veracruz, el teatro político siempre tiene funciones extra cuando el guion se queda sin ideas.

Quienes hoy se han marchado del PRI no se van, cambian de ventanilla y conservan el turno. El truco es viejo, pero aún cobra. Hasta que deja de cobrar y entonces sí, nadie reconoce al cajero.

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