En la Dirección de Juventud del Ayuntamiento de Xalapa, la inclusión y oportunidades opera como un significante vacío: promete apertura, pero en la práctica se traduce en una estructura cerrada, vertical y excluyente. La gestión de Rafael Alarcón Barrientos exhibe esa fractura entre lo que se enuncia y lo que realmente ocurre.
El funcionario, quien no alcanzó una regiduría tras la difusión de audios críticos hacia la hoy alcaldesa Daniela Griego, terminó al frente de una dependencia estratégica para el desarrollo juvenil. Desde ahí, su protagonismo ha derivado -según diversos señalamientos- en conflictos internos que rebasan la esfera administrativa y erosionan la imagen del gobierno municipal.
La Dirección de Juventud funciona, en los hechos, como un texto institucional donde las jerarquías no se sostienen por mérito, sino por relaciones de ‘íntima’ proximidad. Lo que se presenta como política pública se diluye en prácticas que remiten más a un feudo que a una oficina pública.
Testimonios internos describen una estructura informal de poder. Allegados al director ejercen funciones de mando sin atribuciones formales, replicando dinámicas de subordinación y arbitrariedad. La autoridad, lejos de institucionalizarse, se delega de forma discrecional, generando un entorno laboral marcado por la tensión.
La constante, refieren, es la desorganización. Proyectos deficientemente planeados derivan en episodios de presión y recriminaciones contra el personal, que termina funcionando como válvula de escape ante fallas directivas. En este esquema, el error nunca es estructural, siempre es individual y subordinado.
Particularmente preocupan los señalamientos de trato diferenciado hacia mujeres dentro del área, donde la descalificación reiterada apunta a una práctica sistemática más que a hechos aislados. La normalización del agravio configura un entorno donde la dignidad laboral se vuelve prescindible.
El impacto no se limita al personal contratado. Jóvenes en servicio social -teóricamente beneficiarios del aparato institucional- se insertan en una dinámica que contradice los principios formativos del sector público. En lugar de aprendizaje, encuentran desorden; en vez de profesionalización, una pedagogía del influyentismo.
En paralelo, la misma estructura impulsa programas como “Juventud que Impulsa” y una estrategia de credencialización que promete alcanzar a más de 10 mil beneficiarios. El gobierno municipal habla de innovación, inclusión financiera y articulación con el sector privado. Sin embargo, la ejecución interna plantea una contradicción que difícilmente puede sostener una política pública sólida cuando existe una estructura administrativa debilitada.
La trayectoria política de Alarcón Barrientos añade otra capa al análisis. Vinculado a distintos espacios partidistas -del PRI al PVEM- y con redes familiares en el ámbito electoral, su perfil refleja la movilidad característica de la política local. Su participación en campañas de afiliación del Partido Verde refuerza la percepción de que la gestión pública y la operación partidista convergen sin mayor frontera. Incluso, se sabe que llegó a ofrecer su estructura al excandidato a la alcaldía de MC en el proceso electoral pasado, Roman Moreno, a cambio de ser colocado en la primera posición de las regidurías.
Así, la Dirección de Juventud se configura como un espacio donde el lenguaje institucional -juventud, desarrollo, oportunidades- es desmentido por la práctica cotidiana. Lo que debería ser política pública se traduce en simulación administrativa; lo que se anuncia como apertura, se ejecuta como control.
En esa tensión entre discurso y realidad, la ciudadanía se formula una pregunta: si la forma de gobernar contradice lo que se dice, ¿qué queda entonces del proyecto político que se pretende sostener?
El desenlace, por ahora, no apunta a correcciones. En el Ayuntamiento, la administración parece haber perfeccionado una fórmula donde el desorden se gestiona y la crítica se desestima con pobreza intelectual.
Al final, la alcaldesa Daniela Griego gobierna como si el ruido interno fuera parte del paisaje: entre más se acumula, más se normaliza. Y en ese mismo libreto, el síndico municipal Marco Aurelio Martínez -figura clave y protagonista de todo- observa desde el tablero esperando el momento para incomodar todo lo que no resulte rentable.
Porque si algo queda claro, es que en Xalapa la política pública no solo se simula, también se aplaude. Mientras tanto, la ciudadanía aprende -no en talleres ni programas- sino en la práctica diaria, que el verdadero mérito en el Ayuntamiento morenista de Daniela Griego no es servir, sino servirse.







