La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, aseguró que al interior de Morena no existe división, pese a las críticas emitidas por el exdiputado Atanasio García Durán, padre del exgobernador estatal.
La mandataria afirmó que respeta la postura del exlegislador y minimizó el alcance político de sus declaraciones, al sostener que se trata de una opinión personal sin efectos en la cohesión del movimiento. “No hay problema”, sintetizó.
Sin embargo, en el terreno de la política -donde el lenguaje no solo describe, sino construye realidad- la negación de una ruptura suele evidenciar la tensión que busca contener. Bajo una lectura, el discurso de Nahle no cancela el conflicto, lo desplaza, lo difiere y lo reconfigura en una narrativa de aparente estabilidad.
La frase “no habrá divisionismo” funciona así más como herramienta discursiva que como diagnóstico verificable. Porque, en efecto, “no habrá divisionismo”, ya lo hay. Así que cuando la mandataria de Veracruz enuncia la unidad, en el mismo instante, empieza a ser cuestionada desde dentro.
Las declaraciones surgen tras la polémica generada por los señalamientos de García Durán, quien puso en entredicho el desempeño del gobierno estatal encabezado por la también morenista Rocío Nahle, abriendo una grieta nunca antes vista en el ámbito político de Veracruz.
Nahle García, por su parte, insiste en que su administración mantiene el enfoque en el trabajo institucional. No obstante, en el trasfondo, la aparente unidad absoluta convive con signos de disenso que, aunque negados, permanecen latentes dentro del propio movimiento.







