“No tengo problema con la revocación de mandato, siempre voy a la urna”,
Rocío Nahle García, gobernadora de Veracruz.
Suena bonito, democrático, casi poético. Pero cuando se revisan los hechos, la frase de Rocío Nahle tiene el mismo fondo que un tarro de mole vacío: mucho adorno, poco contenido.
La revocación que duerme el sueño de los justos
La gobernadora asegura estar lista para someterse al juicio ciudadano “cuando el Congreso lo determine”.
Sí bien es cierto que esa figura jurídica existe en la Constitución estatal, no hay ley secundaria que diga cómo, cuándo ni con qué requisitos, es decir, la revocación de mandato no está reglamentada y el problema es que el Congreso local —de mayoría morenista y entreguista— no ha determinado nada.
Así pues, el derecho está, pero la puerta está cerrada con candado legal. Rocío Nahle, con la complicidad de la mayoría de los diputados locales en Veracruz, huyen a la revocación de mandato ante el temor de ser repudiados y echados por el pueblo.
Desde 2022, organizaciones ciudadanas y académicos han exigido al Congreso aprobar esa reglamentación. Pero las iniciativas se empolvan entre comisiones mientras los diputados se entretienen con efemérides, selfies y comunicados banales y de “unidad”.
“Yo siempre voy a la urna”… cuando convenga
Rocío Nahle presume que nunca ha sido “pluri”, que siempre ha ganado por el voto, y que su “maestro en democracia” fue nada menos que Andrés Manuel López Obrador.
Pero hay un pequeño detalle: el “maestro” enfrentó una revocación de mandato, mientras la discípula pide más tiempo para “preparar las condiciones”. Y aunque se descubrió que fue otra de las simulaciones del régimen morenista, en su momento Nahle festejó ese “ejercicio democrático” el cual ahora evita a toda costa como gobernadora.
Cuando se trata de rendir cuentas, en Veracruz el discurso se llena de tecnicismos: que si no hay ley, que si los tiempos, que si la emergencia, que si el proceso debe madurar… Un rosario de peros que convierte la democracia participativa en un acto de fe.
Democracia de discurso, no de decreto
Nahle no miente cuando dice que todo debe hacerse conforme a derecho. Lo irónico es que ella misma puede enviar la iniciativa de ley que haría posible la revocación. Pero parece más cómodo dejar que el tema se disuelva entre declaraciones y aplausos.
En un estado que presume de “escuchar al pueblo”, resulta curioso que el pueblo no pueda aún decidir si quiere seguir escuchándola a ella.
La ironía del espejo
Rocío Nahle podría hacer historia como la primera gobernadora en someterse voluntariamente a una revocación de mandato. Sin embargo, hasta el momento, parece más dispuesta a organizar festivales para distraer al pueblo que a abrir urnas.
La revocación de mandato en Veracruz, cuando la impulsan otros, es democracia. Cuando toca la puerta propia… se vuelve un trámite pendiente.
“No hay problema con la revocación”, dice la gobernadora. El problema, parece, es hacerla realidad.
En Veracruz, la democracia participativa sigue siendo eso: participativa, pero sólo en el discurso. La urna, por lo pronto, tendrá que seguir esperando a que el Congreso “decida”… o a que la voluntad política y la del pueblo, principalmente, despierte del letargo.










