En Veracruz no pasa nada, salvo cuando pasa todo. Lo que sí sobra es la ligereza con la que se gobierna. La escena más reciente lo confirma. La gobernadora Rocío Nahle reaccionó en redes sociales con un “¡Huy, qué miedo!” ante versiones sobre un eventual retiro de visa a funcionarios de Morena por parte de Estados Unidos.
No aclaró, no explicó, no desmintió con datos. Se burló.
La frase no cayó en el vacío. Encendió una conversación que llevaba tiempo acumulando irritación. El problema no es el rumor, sino el contexto; un estado donde la violencia persiste, la percepción de corrupción gubernamental crece y, aun así, Nahle insiste en negar lo evidente.
El intercambio en redes fue suficiente para retratar el momento. El usuario que detonó la respuesta acusó que Veracruz “arde en violencia, corrupción y abandono”, mientras la llamada Cuarta Transformación suma señalamientos. Nahle respondió con desdén. Y después, silencio.
Lo que siguió fue una cascada de reacciones que ya no se limitan al tema de la visa, sino que apuntan directamente al desempeño del gobierno estatal:
- “No vas a entrar a EU de turista, pero como delincuente ahí te veremos… y los veracruzanos lo van a festejar”.
- “La borrachera de poder pronto será cruda, y esas risas se convertirán en lágrimas”.
- “Gobernadora, póngase a trabajar; si es mentira, ¿para qué se engancha? No hay nivel”.
- “Lo peor que le pudo pasar a Veracruz”.
- “No es obligatorio responder, pero su respuesta lo dice todo: soberbia y vacío”.
Ese enojo digital no surge de la nada. La administración de Nahle ha transitado entre polémicas constantes: minimizar crisis ambientales -como el derrame en el Golfo, reducido a “gotas” pese a evidencias en contrario, relativizar hechos violentos con explicaciones cuestionables y sostener un estilo de comunicación donde la confrontación sustituye a la rendición de cuentas.
Incluso hubo quien llevó la comparación más lejos, evocando el tono bravucón de Nicolás Maduro frente a críticas internacionales. La analogía puede parecer excesiva, pero revela la percepción de un poder que privilegia el espectáculo sobre la sustancia.
Gobernadora Nahle: Veracruz no está discutiendo visas. Está discutiendo gobierno. Su administración es mediocre, ineficiente y ocurrente, por más que sus propagandistas intenten sostener otra narrativa.
La limitada capacidad política, social y de lectura de la realidad de muchos de sus colaboradores les impide comprender lo esencial. Si el gobierno evaluara con seriedad a sus comunicadores y voceros -contratados más por su zalamería que por su capacidad y credibilidad-, podría dimensionar con claridad cómo se dilapidan los recursos públicos.
Pero es evidente que el problema no son ellos, es usted, gobernando desde la soberbia, el resentimiento, el capricho, la venganza y la confrontación permanente. Gran parte de sus colaboradores le temen, pero no la respetan; y cuando una autoridad pierde el respeto de gobernados y subordinados, lo ha perdido todo.
En las “benditas redes” ya se refleja el saldo. Desgaste evidente, irritación creciente y una desconexión cada vez más peligrosa entre lo que usted dice y la experiencia cotidiana de los ciudadanos.
El sarcasmo puede funcionar como escape momentáneo. Pero en política, cuando se vuelve hábito, suele ser síntoma de falta de control, de estrategia o de realidad.
Y mientras desde el poder se desestima y se ridiculiza la crítica, en Palacio aún no se enteran que Veracruz necesita gobierno.








