En un rompimiento cargado de acusaciones directas, el diputado local Héctor Yunes Landa oficializó su salida del PRI y lanzó una ofensiva contra su dirigente nacional, Alejandro Moreno, a quien responsabiliza de imponer un control absoluto y llevar al partido al colapso político.
Yunes aseguró que su permanencia en el tricolor nunca estuvo en duda hasta la llegada de Moreno. El quiebre -según su versión- comenzó cuando rechazó integrarse a su proyecto durante la renovación de la dirigencia nacional, al mantener lealtad con René Juárez Cisneros. A partir de entonces, dijo, enfrentó represalias sistemáticas.
El legislador acusó que “Alito” anuló a los gobernadores priistas, les cerró espacios de decisión y colocó dirigentes estatales alineados a su grupo, consolidando -afirmó- un control total del partido. Sostuvo que incluso el Consejo Político Nacional fue reconfigurado a modo, con una integración dominada en 90 por ciento por perfiles afines al dirigente.
En su diagnóstico, el saldo es contundente: de 14 gubernaturas, el PRI quedó reducido a dos, “ganadas más por candidatos que por la dirigencia”. También señaló que el distanciamiento se profundizó cuando se negó a respaldar a Moreno frente a observaciones de la Auditoría Superior de la Federación por presuntas irregularidades en Campeche.
Uno de los episodios más delicados que narró ocurrió -dijo- en noviembre pasado, cuando fue citado en el CEN del PRI y, según su testimonio, se le planteó asistir a una cena con la gobernadora Rocío Nahle, con la expectativa de votar a favor del Presupuesto 2026 y suavizar su postura política. Yunes afirma que aceptó acudir, pero rechazó comprometer su voto.
Además, denunció veto contra la organización Alianza Generacional y un intento de expulsión en su contra, que —según dijo— se concretaría este 5 de mayo.
“La reacción rabiosa de Jorge Meade no fue porque renuncié al partido sino porque les gané el brinco” lanzó el diputado local, en referencia a la reacción del secretario de organización de ese instituto a nivel nacional.
Pese a reconocer que el PRI fue clave en su trayectoria -ocho candidaturas y más de dos millones de votos aportados, según sus cifras-, defendió su decisión de no renunciar a la curul local: “sólo se devuelve lo que te prestan, a mi ni me prestaron, ni me regalaron esta posición”
Se declaró diputado independiente, reivindicó su papel como opositor y dejó abierta la puerta a Dante Delgado, con quien dijo mantener cercanía.
“Mi cercanía con Dante es tal que no requiero una zancada para abrazarlo con mi gratitud y cariño de siempre, como lo hago frecuentemente”, expresó.
En contraste, descartó cualquier incorporación a Morena, por tres razones: la primera, porque no puede militar al lado de quienes están destrozando el país y el estado, segundo, porque es -según su apreciacióon- su crítico más severo y, tercero, porque Morena ya está lleno de priístas… hay más priístas en Morena que en el PRI.
Sin embargo, más allá de los señalamientos, el discurso del legislador repite el patrón de la confrontación personal, descalificación directa y el agravio.
Yunes se fue del PRI sin destino “definido”, pero con su estilo intacto: confrontar primero, explicar después.








