Veracruz se ha consolidado como el estado con el escenario más crítico para la independencia económica femenina en el país. De acuerdo con el más reciente informe Estados con Lupa de Género, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la entidad federativa se posiciona en el último lugar nacional en la materia.

El diagnóstico revela que el 38% de las veracruzanas de 15 años o más no perciben un salario ni generan recursos económicos por cuenta propia. En términos reales, la estadística se traduce en que prácticamente cuatro de cada diez mujeres en el estado dependen financieramente de terceros.

Esta realidad local forma parte de una problemática estructural que afecta a 16.3 millones de mujeres en todo el territorio mexicano. La ausencia de percepciones financieras propias no solo frena el desarrollo individual, sino que restringe directamente la libertad de elección en el entorno familiar y vulnera los mecanismos de seguridad personal.

La brecha Norte-Sur se profundiza

El análisis del IMCO expone una marcada desigualdad geográfica en la distribución de oportunidades y remuneraciones en el país:

  • Los estados con mayor inclusión financiera: Baja California Sur lidera positivamente el indicador con apenas un 17% de mujeres sin ingresos propios, seguido de cerca por Baja California (18%), mientras que Nuevo León, Jalisco y Coahuila registran un 19% cada uno.
  • Las entidades con mayor rezago: En el extremo opuesto, el sur y el centro-norte concentran los peores índices. Sinaloa reporta un 30%, Oaxaca el 33%, Guerrero el 35%, Zacatecas el 37% y Veracruz corona la lista con el 38%.

Los candados del mercado laboral

Especialistas del IMCO señalan que la falta de autonomía financiera no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de las barreras estructurales que impiden a las mujeres incorporarse y mantenerse en empleos formales.

Entre los principales factores que perpetúan este rezago destacan la desproporcionada carga de trabajo del hogar y las tareas de cuidado no remuneradas, la carencia de ofertas laborales con horarios flexibles y una brecha salarial que continúa penalizando el trabajo femenino.

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