El escándalo no navega, ahora flota entre filtraciones, funcionarios nerviosos y fotografías incómodas. El llamado “YateGate” del diputado federal Zenyazen Escobar sigue creciendo como mancha de combustible en aguas veracruzanas, mientras el sesudo equipo de comunicación quiere vender la versión de que todo fue un inocente accidente marítimo. Sí, claro, la gente lo cree porque el Titanic chocó por culpa del tráfico.
De acuerdo con información difundida por el portal Versiones, dirigido por el periodista José Ortiz Medina, dentro de Morena circulan versiones bastante menos románticas que la del “yo sólo pasaba por ahí”.
Y seamos claros, una cosa es negar la propiedad del yate y otra muy distinta explicar por qué medio gobierno parecía estar de paseo VIP en plena austeridad franciscana.
El Aquamán tropical
Versiones internas sostienen que Zenyazen Escobar sí habría estado relacionado con el recorrido en la embarcación que terminó convertida en antorcha flotante. Aunque públicamente el legislador intenta minimizar el asunto como una simple casualidad, dentro de la propia 4T muchos no se tragan el cuento.
Y es que resulta demasiado conveniente que, justo cuando el yate explota, aparezca el diputado navegando en moto acuática como héroe de serie de Netflix tropical.
Ahí comenzaron las preguntas que desagradan. ¿Dónde quedó la motoneta?, ¿Donde está su hija, que supuestamente lo acompañaba?, ¿Por qué hay más versiones encontradas que chalecos salvavidas?
Y se pregunta lo anterior porque cuando un político dice “casualmente”, normalmente significa “prepárense para el escándalo”.
El dueño invisible
Aunque oficialmente aseguran que la embarcación no pertenece al legislador, en los corrillos políticos se menciona el nombre de Omar López, empresario cercano al exsecretario de Educación y presunto beneficiario frecuente durante aquellos tiempos donde el presupuesto educativo parecía más el catálogo de una constructora consentida.
El viejo romance entre poder y contratistas vuelve a surfear sobre aguas turbulentas.
El héroe fue otro
Otra versión que circula en oficinas gubernamentales asegura que quien realmente ayudó a rescatar a las mujeres no habría sido el diputado, sino un escolta adscrito a su seguridad personal.
Pero claro, en tiempos de TikTok político siempre conviene posar como Aquamán del Bienestar aunque el trabajo pesado lo haga alguien más.
Las ladies del bienestar
El asunto se puso todavía más espeso cuando comenzaron a filtrarse nombres e imágenes de algunas de las mujeres presuntamente vinculadas al paseo marítimo.
Según versiones internas, varias serían servidoras públicas en activo. Entre los nombres mencionados aparece una funcionaria identificada como Claudia, relacionada con el área de capacitación laboral y señalada como cercana al secretario del Trabajo, Luis Arturo Santiago.
También comenzó a sonar el nombre de Valeria, trabajadora administrativa cuya presunta presencia en el yate todavía no ha sido confirmada plenamente, aunque en los pasillos del poder la mencionan más que a los resultados del gobierno de Nahle.
Y mientras ellos insisten en transformación, austeridad y valores republicanos, el escándalo parece episodio premium de “Acapulco Shore: edición burocrática”.
En Palacio tomaron nota
Fuentes cercanas al gobierno aseguran que la gobernadora Rocío Nahle no estaría comprando la versión difundida por el legislador y que el malestar en Palacio sería considerable.
Y es que una cosa es administrar crisis y otra terminar explicando por qué funcionarios de la austeridad terminaron protagonizando un paseo de lujo con final hollywoodense.
Incluso trascendió que existiría una lista con nombres completos, cargos y dependencias de las personas presuntamente involucradas en el incidente.
Y si el poder empieza a hacer listas, alguien termina sacrificado.
El naufragio político
Lo que comenzó como un incendio en altamar terminó convertido en una bomba política que exhibe excesos, relaciones incómodas y contradicciones dentro de un movimiento que juró combatir precisamente esos privilegios.
Hoy el “YateGate” no huele a combustible quemado. Huele a operación de control de daños. Así que, carísimo lector, cuando en Veracruz los accidentes marítimos pasan, las filtraciones políticas siempre llegan a puerto.







