México se ubica como el país con menor inversión pública en salud entre ocho naciones de América Latina, con un gasto equivalente al 3% del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con un estudio de la Universidad de Duke.

El análisis, presentado en el Fifarma Annual Summit 2026, señala que el promedio regional de inversión sanitaria alcanza apenas 4% del PIB, por debajo del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

En la comparación, Argentina lidera con 5.8% del PIB, seguida por Colombia (5.3%), Chile (5.1%) y Costa Rica (5%). Más atrás se ubican Ecuador (4.6%), Brasil (4.1%) y Perú (4%), mientras que México ocupa el último lugar.

El informe advierte una “subfinanciación crónica” en los sistemas de salud de la región, pese a los compromisos con la cobertura universal. Esta insuficiencia presupuestaria genera dependencia del gasto de bolsillo, así como problemas de acceso, escasez e inequidad, particularmente en México, Argentina, Perú y Ecuador.

En contraste, países con sistemas más robustos como Brasil y Costa Rica enfrentan presiones fiscales derivadas del envejecimiento poblacional, el aumento de costos y restricciones presupuestarias.

Lisa Bourget, directora del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke, subrayó la necesidad de optimizar la asignación de recursos con base en evidencia y priorizar zonas con mayor carga de enfermedad. Señaló que la inversión en salud tiene un alto retorno económico: hasta nueve dólares por cada dólar invertido, al incidir en empleo, capital humano y reducción de la pobreza.

Gasto de bolsillo al alza

El estudio también destaca que el bajo financiamiento público se traduce en mayor carga económica para los pacientes. En América Latina, el gasto de bolsillo representa en promedio 30% del gasto total en salud, frente a 13.1% en países de la OCDE.

México encabeza nuevamente la lista con 39.1%, seguido por Ecuador (32.5%) y Brasil (27.4%). Chile registra el nivel más bajo, con 3.5%.

Finalmente, se advierte que las enfermedades no transmisibles —como cardiovasculares, cáncer y diabetes tipo 2— generan pérdidas de productividad equivalentes a entre 2.5% y 6.4% del PIB en los países analizados, lo que incrementa la presión sobre sistemas de salud ya limitados.

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