La relación bilateral entre México y Estados Unidos atraviesa su fase más delicada desde la década de los ochenta, a raíz de recientes acusaciones del gobierno estadounidense por presuntos vínculos entre actores políticos mexicanos y el narcotráfico, advirtió el exembajador Arturo Sarukhán.
En entrevista con Latinus, el exdiplomático señaló que, a diferencia de episodios anteriores, ningún presidente de Estados Unidos había acusado de forma directa la existencia de colusión entre organizaciones criminales y las élites políticas mexicanas.
Las imputaciones alcanzan a figuras vinculadas al partido en el poder, entre ellas el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y el exalcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, además de otros exfuncionarios y elementos militares.
Sarukhán consideró que este tipo de señalamientos no surgen de manera improvisada, sino que derivan de investigaciones prolongadas que pueden tomar meses o incluso años. En ese sentido, estimó que la información pudo haberse mantenido reservada por autoridades estadounidenses hasta encontrar un contexto político propicio para hacerla pública.
Indicó que, hasta hace poco, prevalecía la percepción en Washington de que México había mostrado avances en la cooperación bilateral en materia de seguridad, aunque en ocasiones bajo presión. Sin embargo, diversos factores habrían modificado ese escenario.
Entre ellos, mencionó el incidente ocurrido en Chihuahua, donde murieron dos agentes estadounidenses en un accidente, lo que pudo haber incrementado tensiones y contribuido a detonar el endurecimiento de la postura de Estados Unidos.
El exembajador alertó además sobre posibles repercusiones económicas, al advertir que las negociaciones relacionadas con el T-MEC podrían verse afectadas por el actual clima político.
Subrayó que los problemas de seguridad entre ambos países requieren soluciones conjuntas, pero criticó que la estrategia reciente de Washington ha condicionado temas comerciales al desempeño de México en el combate al narcotráfico, incluyendo la utilización de aranceles como mecanismo de presión.
Con este escenario, la relación bilateral enfrenta un momento de alta incertidumbre, con implicaciones tanto en seguridad como en comercio.








