Por Marcia Koryna Hernández Hernández

Hace pocos días se realizó el homenaje póstumo al escritor Sergio Pitol; la concurrencia no alcanzó a cubrir la expectativa que se tenía planeada.

Asistieron directivos de rectoría de la Universidad Veracruzana, contados  profesores de la Facultad de Letras, estudiantes universitarios y algunos colegas escritores, entre ellos, fue un placer escuchar a Luz Fernández de Alba, en su conferencia-homenaje. Por causas desconocidas de la que esto escribe, el homenaje pareció un encuentro íntimo de amigos. Lamentable situación, pues las mesas conformadas de lectura y las conferencias, entregaron una maravillosa y completa semblanza de la obra literaria, de la personalidad y de la ardua labor en el fomento a la lectura del homenajeado.

No puede ser suficiente la reunión íntima cuando se habla de un gran escritor, de un creador reconocido en todo el mundo, Premio Cervantes en España  y Premio Juan Rulfo en México, de un diplomático y agregado cultural en diferentes naciones de Europa, de aquél que escribió con grandeza gracias a su  constante lectura y reflexión. Su trabajo como  traductor permite que se den a conocer obras de habla hispana en otros idiomas, así como la difusión de escritores polacos, ingleses y rusos en nuestro país. Lo cierto es que una enorme cantidad de estudiantes, profesionistas, burócratas, políticos y público en general, me dice: No conozco a Sergio Pitol.

La intención de estas líneas es compartir una brevísima reseña de este personaje -del cual, como mexicanos, deberíamos estar orgullosos- pero sobre todo, invitar a  leer su obra: cuento, ensayo, novela; leer a Pitol es realizar un desafiante viaje literario, cultural y anecdótico.

Las descripciones espaciales que utiliza Pitol en su narrativa son  de aquellos lugares que conoció -habitaciones, callejuelas, restaurantes, plazas- a lo largo de sus estancias en ciudades como Praga, Bujara, Varsovia, Barcelona y Londres, entre otras. Enrique Vila- Matas  comenta en su ensayo, Viaje con Sergio Pitolesas caminatas por las diferentes ciudades acompañadas de conversaciones breves y largas reflexiones:

Pienso en las calles recorridas, las que he podido caminar junto a él. Hay calles, callejuelas y callejones transitados en Asjabad, Veracruz, Caracas, París, Aix-en-Provence, Praga, Desvarié y Kabul; pienso en la lluvia y en la constante pérdida de sus gafas, algo nada extraño, pues es ya legendaria su inclinación a perder y luego recuperar sus anteojos.

Su obra, gestada en esos andares, implica creer que: Seguirá llevándonos hacia cualquier otra parte que nos garantice la fuga de lo trillado y lo ubicable, sin necesidad de mojarnos dos veces en el mismo río (Rosa Beltrán).

Pitol, siendo un gran lector, podía memorizar largos textos; en numerosas  ocasiones funcionaban para amenizar con gran sentido del humor sus conversaciones  con Carlos Monsiváis y Luis Prieto, sus dos grandes amigos.

La sonrisa franca que esbozaba de manera continua, nos comentan sus amigos y allegados, denotaba la alegría con que vestía su vida; prueba de esto, son las fotografías que le fueron tomadas en su andar por las calles con los brazos abiertos como si fuese un ave al iniciar un vuelo, o un árbol frondoso dispuesto a  abrazar lo inmediato; una de éstas imágenes, se tomó  en una calle de la ciudad de  Chongqing, China.

Esta imagen es emblemática porque en esta ciudad Pitol dejó su huella como traductor, tan importante fue que en la actualidad existe el Centro de Estudios de México y América Latina Sergio Pitol, con tres áreas: Educación y Cultura, Ciencia y Tecnología, y Negocios, en donde constantemente se abren mesas redondas para comentar y analizar  su obra.

El autor de El Arte de la fugaEl ViajeEl tañido de una FlautaEl oscuro hermano gemelo,Tiempo cercado, y muchas obras más, nos habla de una experiencia determinante, de partir, de aventurarse, de pertenecer a donde sea sin tener raíces más que en la tradición literaria que uno elige y en la que decide hacerse. Pitol era un mexicano de ningún lado y del lugar que quería; y tanto quería a su tierra que en 1982 regresa a la Ciudad de México para instalarse en su casa de Coyoacán a un costado de la plaza “La Conchita”, posteriormente se traslada con su perro Sacho a la ciudad de Xalapa y se instala en una bella casa reconstruida por el arquitecto Lascurain.

En Junio de 1992 Sergio Pitol regresa a trabajar en la Universidad Veracruzana; el cosmopolitismo y la simbiosis vida-literatura construyen a este personaje, quien,  convencido de que la literatura abre importantes espacios de creación y comunicación, crea la Biblioteca del Universitario, recopilación de textos clásicos y contemporáneos al alcance de la comunidad estudiantil; proyecto que en la actualidad sigue vigente dentro de la Universidad Veracruzana. Pitol justifica la colección diciendo: La filosofía,la historia,todas las disciplinas del saber son productos del lenguaje. Pero hay una que establece con él una relación especial, y esa es la literatura; es desde luego hija del lenguaje, pero también es su mayor sostén; sin su existencia el lenguaje sería gris, plano, reiterativo. Es la literatura la que lo alimenta, lo transforma, lo castiga a veces, pero lo otorga una luminosidad que sólo ella es capaz de crear.

La literatura, como toda rama de la cultura, no conoce límites, si territorio es inconmensurable, y a pesar de todos los esfuerzos que se haga no podrá conocer más que una porción minúscula de aquel inmenso espacio.

La palabra libro está muy cercana a la palabra libre; el libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres. El libro afirma la libertad, muestra opciones y caminos distintos, establece la individualidad, al mismo tiempo fortalece a la sociedad y exalta la imaginación. La biblioteca del universitario creada por la Universidad Veracruzana le abre al estudiante las puertas del conocimiento del mundo y también así mismo.

Sergio Pitol (1933-2018), pone su acento individual como un mexicano universal, un ser humano cálido y entrañable para sus amigos, un maestro valorado por sus alumnos y discípulos, escritor que supo de la originalidad y de la revelación de los secretos de la lengua  discreta; honesto dentro de la verdad literaria y muy amado por nuestras letras.

El Maestro Sergio Pitol ha partido a su último viaje o quizá inicia el más importante; te toca a ti, decidir leer su obra, caminar a su lado en las callejuelas y viajar a esas ciudades donde encontrarás la clave de sus historias o repetir con displicencia: No conozco a Sergio Pitol.

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