Antulio Ficachi
Entre los números alegres que recitan en Palacio de Gobierno y los números que sí cuentan, hay diferencias. Mientras los propagandistas oficiales suben posteos, reels, columnas, encuestas “espejo” y aplausos reciclados, el Ranking Mitofsky mostró que la aprobación de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, bajó en abril. Y eso que el promedio nacional subió.
Es decir, mientras 23 mandatarios aprovecharon el rebote estadístico, en Veracruz lograron la hazaña de remar en sentido contrario. Toda una innovación administrativa que pone de moda al estado al perder respaldo cuando el viento sopla a favor. El dato duele más porque, según el reporte, ocho de los nueve gobernadores que retrocedieron pertenecen a Morena. Parece que la transformación ha encontrado la caída colectiva organizada.
Ojalá que desde la sede del mármol descubran pronto que las conferencias no votan, los hashtags no suman y las porras pagadas no contestan encuestas. Aunque seguramente habrá algún consultor preparando la teoría de que bajar también es una forma avanzada de subir.
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Mientras tanto, el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, salió a decir que en Veracruz no hay crisis de inseguridad. Apenas homicidios, videos de hombres armados, familias aterradas y creadores de contenido pidiendo protección pública. Pero crisis, crisis, no.
Eso sí, el funcionario dejó una frase reveladora: “cualquier ser humano que tiene un atentado así, pues ya es crisis”. Para Ahued, la violencia existe, pero sólo en presentación individual. Nada de exagerar colectivamente.
Es más, sobre el video que circuló en redes sociales donde aparece un supuesto grupo armado amenazando a organizaciones rivales presuntamente asentadas en Xalapa, Ahued tranquilizó a la ciudadanía al asegurar que las imágenes fueron grabadas en otro lugar. Por lo tanto, debemos entender que si el delito ocurre en otro municipio, entonces la percepción mejora. ¿Será cartografía preventiva?.
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En Córdoba, la ciudad de los 30 caballeros, los Portales dejaron de ser zona turística para convertirse en ring político-sentimental del duartismo vintage. El exsecretario de Salud, Juan Antonio Nemi Dib, terminó lanzando objetos en pleno restaurante Tabachín, luego de que un empresario le recordara algunos pendientes históricos del sexenio más rentable para los proveedores y más costoso para Veracruz.
Lo mejor vino después, cuando desde prisión apareció el respaldo moral de Javier Duarte de Ochoa, quien salió a solidarizarse con su excolaborador mediante redes sociales. Porque si algo conserva intacto el duartismo es la coordinación operativa. Ya no gobiernan Veracruz, pero siguen administrando el escándalo.
Y como en toda buena reunión de exfuncionarios cuestionados, nadie presentó denuncia. Eso sí, la justicia quedó observando desde otra mesa.
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Donde la cosa ya parece concurso interno de improvisación es en la Contraloría estatal. Resulta que la recién llegada, Bárbara Galindo, trae fama de no entender demasiado sobre auditorías, control gubernamental ni responsabilidades administrativas. Pero eso sí, su oficina permanece más cerrada que expediente reservado.
Quien sí entendió rápido el negocio fue Rafael Sánchez Ramos, secretario particular y presunto operador multifuncional del despacho. Dicen en los pasillos que administra influencias, acomodos amorosos y favores con una eficiencia que ya quisieran varias dependencias estatales.
Tan bien marcha el desorden que en la Dirección de Responsabilidades prescribieron más de cien expedientes contra funcionarios morenistas. La austeridad republicana evolucionó y ahora también desaparecen sanciones por vencimiento de tiempo. La corrupción ya no se combate; se archiva hasta que expire.
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Moody’s le puso número a lo que Hacienda llama “fortaleza”. México cayó de Baa2 a Baa3 y quedó a un escalón del territorio especulativo. Traducido al lenguaje simple: todavía prestan, pero revisan dos veces la firma. El reporte habla de déficit arriba del 5%, deuda creciendo y Pemex funcionando como programa social con chimeneas.
Desde Palacio dicen que no hay motivo de alarma. Y tienen razón, la alarma estaba desde antes, sólo que ahora llegó membretada desde Nueva York. Moody’s detectó algo que cualquier contribuyente conoce al abrir el SAT: el gasto es rígido, los ingresos no alcanzan y el petróleo sigue consumiendo dinero público con vocación de barril sin fondo.
La calificadora todavía concede que México conserva estabilidad macroeconómica. Básicamente porque está pegado a Estados Unidos y porque el Banco de México aún no entra a la dinámica de los aplausos oficiales. Eso sí, el crecimiento esperado ronda el 1%, cifra que en cualquier campaña sería considerada “arranque histórico”.
Mientras la deuda brinca y los intereses consumen más presupuesto, la clase política sigue concentrada en soberanía, jueces, campañas y reformas. Moody’s observa balances; los partidos observan encuestas. Cada quien atiende la emergencia que le conviene.
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Y en Quintana Roo, cuentan que la gobernadora Mara Lezama no quedó nada contenta luego de que le atoraran uno de esos proyectos turísticos donde la defensa de la soberanía suele terminar escriturada frente al mar y en manos extranjeras. Y aunque la mandataria salió a respaldar la decisión de la Semarnat de frenar el proyecto “Perfect Day México” en Mahahual, Costa Maya, todo es puro ‘choro’.
Por eso más de uno se pregunta cómo embona eso con el nacionalismo de Sheinbaum. Por ejemplo, allá en Palacio Nacional hablan de rescatar el patrimonio y proteger los recursos nacionales y en algunas costas parece operar el programa “México se vende con club de playa incluido”.








