Antulio Ficachi
Quienes esperaban una inauguración solemne de la FILU en Xalapa terminaron viendo una mezcla entre asamblea universitaria, performance diplomático y casting adelantado para candidato plurinominal. Todo ocurrió el viernes en la Sala Tlaqná, donde el “cineasta de cuarta” Tonatiuh García Jiménez se subió al escenario con bandera palestina en mano mientras la Orquesta Sinfónica de Xalapa afinaba instrumentos y tolerancia.
El detalle es que el programa sí incluía una obra del compositor palestino Salvador Arnita y Palestina figura oficialmente entre los países invitados de la feria universitaria. Hasta ahí, diplomacia cultural. El problema comenzó cuando aquello dejó de parecer concierto y empezó a sentirse como mesa de debate de Morena.
Ese es el viejo síndrome del “Atanasiato”, personajes que no sólo medran y sobreviven del presupuesto público, sino que además creen que cualquier escenario financiado con recursos oficiales funciona como extensión de sus filias ideológicas. Esta vez tocó convertir a la OSX en escenografía geopolítica sin preguntarle siquiera a los músicos si también querían discutir Gaza entre violines y oboes.
Y mientras unos aplaudían la causa palestina, otros preguntaban si la Universidad Veracruzana abrirá próximamente espacio para la bandera de Ucrania o la República Independiente de Macuspana.
El espectáculo morenista ya no distingue entre estrategia política, activismo internacional y episodio pirata de Netflix financiado desde la rectoría de “Martincito”.
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Domingo de luto en la política mexicana. Murió Javier Coello Trejo, “El Fiscal de Hierro”, personaje inevitable del sistema judicial mexicano cuando los fiscales todavía daban miedo y no entrevistas en podcast.
Coello Trejo sobrevivió a presidentes, procuradores, reformas y alternancias. En un país donde las carpetas de investigación envejecen más rápido que quienes las anuncian, construyó fama de hombre que primero golpeaba la mesa y después revisaba el expediente.
Las condolencias llegaron desde todos los rincones políticos. Lo interesante será calcular cuántos de quienes hoy lamentan su muerte pasaron años rezando para no verlo entrar a una oficina con portafolio en mano.
En México hay abogados que litigan y abogados cuya llamada provoca gastritis institucional.
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También falleció Arturo Hérviz Reyes, veterano operador político del sur veracruzano y sobreviviente profesional de todas las mutaciones partidistas conocidas por la ciencia electoral.
Fue alcalde, diputado local, diputado federal, senador y dirigente partidista. Pasó por el PRD cuando todavía parecía partido. Intentó regresar como candidato independiente y terminó comprobando que en Veracruz la independencia política dura exactamente hasta el conteo final.
Hérviz pertenecía a una generación de políticos regionales formados en el territorio: negociaba candidaturas, conflictos cañeros y protestas agrarias antes del mediodía. Aprendió política entre caminos de terracería, asambleas y operación de campo, no frente a los nuevos “analistas” de Facebook.
En Veracruz desaparecen nombres, pero no estilos. Siempre queda alguien dispuesto a heredar la estructura, las lealtades y hasta las facturas pendientes.
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Por cierto, internet encontró otro negocio milagroso: el Tai Chi en silla. La nueva promesa digital consiste en mover lentamente los brazos mientras una voz con música zen asegura que eso desbloquea energía ancestral, rejuvenece órganos y hasta mejora el algoritmo de Instagram.
La realidad es bastante menos mística. Sí existe como ejercicio suave para adultos mayores y rehabilitación física. Lo que no existe es el límite del marketing para convertir cualquier movimiento lento en “el secreto que las farmacéuticas odian”.
El mercado digital entendió hace tiempo que la gente ya no compra sólo cremas milagro. Ahora también compra iluminación espiritual a meses sin intereses, respiración consciente con subtítulos motivacionales y tutoriales donde un señor sonriente asegura: “los médicos no quieren que descubras esto”.
Al ritmo que van las cosas, cualquier día Morena incluirá el Tai Chi sentado en la estrategia nacional de salud pública y alguna dependencia terminará licitando sillas ergonómicas para alcanzar el bienestar transformador.
Total, si existe austeridad franciscana con camionetas blindadas, también puede existir meditación revolucionaria con presupuesto etiquetado.
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En el Veracruz real, el de la primera gobernadora, siguen acumulándose feminicidios.
Seis casos en menos de un mes bastaron para recordar que Cosoleacaque, Veracruz, Soconusco, Atzalan y Tihuatlán continúan apareciendo en la geografía permanente del horror.
Lo más alarmante no es sólo la violencia, sino la velocidad burocrática con la que las tragedias se convierten en trámite burocrático: carpeta abierta, comunicado oficial, promesa de justicia y silencio institucional hasta nuevo aviso. El protocolo ya parece formato prediseñado; sólo cambian el nombre de la víctima y el municipio.
Por las tierras del Golfo de México siguen matando mujeres mientras la clase política continúa atrapada en la competencia estatal de cinismo, propaganda y fabricación de mentiras.








