Por Omar Piña

[Talento y disciplina de Ignacio del Río]

Hasta la fecha, se ignora de dónde surgió la idea de escribirlo. Es probable que el hacendado coahuilense lo compusiera a prisa, y lo constatable es que lo entregó a imprentas en diciembre de 1908. La primera edición constó de 3 mil ejemplares. Se sabe que el autor los distribuyó a partir de los primeros días de enero de 1909 y uno de los ejemplares fue enviado al presidente Porfirio Díaz, con dedicatoria escrita de puño y letra del propio Madero. Como se trataba de un libro escrito por alguien ajeno a la política y a los círculos capitalinos de entonces, al principio, el texto fue desestimado.

El libro escrito por Francisco I. Madero, La sucesión presidencial en 1910 no fue mera ocurrencia panfletaria y merece atención en su contenido y en las condiciones de su recepción. Uno de los postulados más recurrentes fue el de la libertad como una de las condiciones que permitirían el ejercicio del patriotismo, la propiedad privada y el cumplimiento del pacto social con formas republicanas, ideales para satisfacer las necesidades sociales. Si la libertad era una manera de actuar y, por lo tanto, un ejercicio político, entonces su negación era la dictadura.

En su texto, Madero reconocía los aciertos del autoritarismo dictatorial. Sobre todo, en un país construido y acostumbrado a la guerra hasta la imposición del Porfiriato. Los mecanismos dictatoriales, explicaba, eran la pasividad e indolencia política de la mayoría de los ciudadanos. Y el coahuilense sostenía que ese “poder absoluto [estaba] apoyado por el prestigio del General Díaz, por los innumerables miembros de su administración, por los inmensos recursos de que dispone, por los cuantiosos intereses creados a su sombra” [La sucesión presidencial en 1910] (Del Río, 2003:93).

Madero no era político ni escritor. En su momento y hasta la fecha, el libro ha recibido críticas y valoraciones que lo sitúan como un material de escasa valía si se espera del autor un análisis riguroso de aquella realidad. Y en 1909, los porfirianos lo vieron con demasiado escepticismo. Pero, el discurso tenía sus eficacias. Madero insistía en que, para conseguir su libertad, la población tenía que organizarse a fin de comenzar a ejercer la democracia. Su texto, compuesto en 1908, se proyectaba hacia las elecciones. No dudaba que Porfirio Díaz sería reelecto; así que lo importante era discutir el cargo de la Vicepresidencia. 

El historiador Ignacio del Río muestra inflexiones interesantes. El siguiente periodo presidencial de Porfirio Díaz, según el texto constitucional, abarcaría los años de 1910 a 1916. Por la edad del dictador, lo más probable era que muriera en funciones y quien asumiera la presidencia, sería quien en ese momento fuese vicepresidente. Díaz murió exiliado en París en 1915.

Se sabe y está documentado que el libro tuvo lecturas en “voz alta” a jornaleros en una hacienda de Zacatecas; de allí se deduce que así fueron ampliándose los conocedores del contenido. El contenido es polémico si se quiere plantear como el motor que provocó la caída de la dictadura. Si se le quiere ningunear, conduciría a sesgos y errores. 

Madero, que era también uno de los integrantes de las más selectas familias porfirianas, reconocía destellos, “el gran desarrollo de la riqueza pública, la extensión considerable que ha dado a las vías ferrocarrileras, la apertura de magníficos puertos, la construcción de espléndidos palacios, el embellecimiento de nuestras grandes ciudades… como el hada bienhechora de tanta maravilla” [La sucesión presidencial en 1910] (Del Río, 2003:89).

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Para mascar a fondo:

Del Río, I. (2003), Las razones de la democracia, el discurso liberal de Francisco I. Madero y la dictadura de Porfirio Díaz, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, (26), pp. 81-107.

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