2020 se convirtió en un año bastante complicado, pero el que viene traerá 365 días muy amargos para la población. Y lo peor es que los daños ocasionados por la Covid-19 serán más severos en torno a las personas con menores recursos. La errática forma de conducir la pandemia en México solo provocará un incalculable número de pérdidas humanas y económicas que podrían ser menores con otro tipo de liderazgo nacional.

Es obvio que el manejo y las cifras presentes de AMLO, que muchos no creen por inverosímiles, están determinadas por procesos equivocados realizados en el sistema nacional de salud en el año 2019, todos ellos reportados oportunamente por los diferentes medios de comunicación. Reducción de presupuestos, desaparición del seguro popular, despido de miles de médicos, fallas en las compras de medicamentos e implementos hospitalarios y centralización de adquisiciones a personajes cuestionados, son algunas de las perlas donde tuvo y tiene mucho de responsabilidad la poderosa y recaudadora señora Raquel Buenrostro, de pésimo recuerdo. 

Por desgracia para esa banda de irresponsables donde tan mal figuran la dama de los centavos y el veleidoso subsecretario López Gatell, existen reportes oficiales de la administración actual y de organismos internacionales, informes financieros y avances de indicadores que no se pueden ocultar o enviar a la hoguera. Y estos documentos, correspondientes al año 2019 -el primero de López Obrador- serán confirmados por otro documento de auditoría, este sí, con elaboración seria y con alcances sancionatorios. Se trata del Informe de Resultados de la Cuenta Pública 2019, que deberá ser presentado en el mes de febrero de 2021 por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

La Cuenta Pública 2019 en lo referente al sistema nacional de salud y todos sus componentes, nos revelará cifras reales, resultados tangibles, avances logrados y, sobre todo, gastos verdaderos, fallos, carencias e irresponsabilidades. Un documento que, si el auditor superior David Colmenares Páramo sigue siendo vertical y no se tropicaliza y se quema, reflejará aciertos, pero más bien, errores, desviaciones y debilidades del gobierno de la 4T.

Mismos efectos y resultados habrá de brindar la ASF en lo concerniente a la seguridad pública nacional. Hasta ese momento de febrero próximo, y por el año 2019 conoceremos cuánto nos costó en dinero y en muertes la ineptitud de Alfonso Durazo en su Guardia Nacional (“Personal”, por aquello de las ocurrencias y dispensas que se le dan en exceso). Sabremos en cuánto le salió al país un año de la política obradorista del “Abrazos, no balazos”, junto a aquella de “Becarios, no sicarios”, simples juegos de palabras, mediatizadas en exceso, pero sin efectividad en ningún sentido 

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Otro informe determinante para el país será la publicación del Censo de Población 2020 del INEGI, el que podrá decirnos con exactitud cuántos mexicanos hubo en el año más trágico del siglo. Bastará con restar el número de fallecimientos por enfermedad, para, entonces sí, poder cuantificar el número de decesos atribuibles al coronavirus.

Otro tema que podremos conocer el próximo año para comparar, además de las posibles oleadas mortales de la pandemia, será el de las pérdidas nacionales en la economía, que podrán ser por baja en turismo, en remesas de migrantes, en exportaciones petroleras y no petroleras, en reducción de la planta productiva y en la drástica baja de la recaudación de impuestos. 

Una amargura política, tendrá que ver con los triunfos y fracasos de la elección intermedia el seis de junio de 2021. Ahí conoceremos si el intransformado morenismo resbaló y cayó, o si la “oposición” priista, panista, verde y amarilla, se tornó en masilla guinda-marrón, de la mano de Andrea Yunes, Rodrigo García y otros maduritos buenos para los centavos y que dominan el arte de irse con todo y reata.

Pero a las amarguras veracruzanas que llegarán con la urgencia de la galopante realidad, habrá que sumarle su correspondiente y redonda cereza de pastel. Hablamos del jugoso fruto pastelero que a los jarochos brindará la liberación de Javier Duarte de Ochoa, junto a su eficiente blanqueo de capitales obtenidos durante su sexenio.

El día de ayer se publicó que el Tribunal Superior de Justicia de la Nación confirmó la sentencia de nueve años que Duarte trató de disminuir con varios recursos jurídicos. Esto significa que el cordobés exgobernador, podrá solicitar el beneficio de la liberación por buena conducta, esto es, cumplir solamente la mitad de su condena en reclusión. Y si el señor fue apresado en abril del 2017, allá por octubre o noviembre del siguiente año, el hombre podrá estar preparando su festejo de Navidad y Año Nuevo en completa libertad y con una buena dotación de tortas de La Rielera.

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Y esto confirmará que, si poco le hicieron al exgobernador las leyes y los tribunales, menos aún le harán a todos aquellos que fueron sus colaboradores, aunque solícitamente le hubiesen agarrado la pata a la vaca veracruzana.

Los Vicente Benítez, los Juan Manuel del Castillo, Gabriel Deantes, Alberto Silva, Moisés Mansur Cysneiros, Ricardo Sandoval y demás compañeros de mañas y andanzas, podrán al fin, mostrar los dividendos de esos años de desatino y robo. 

El multicolor sistema político, el amor morenista y la moralista transformación de Andrés Manuel los habrá perdonado per secula seculorum.

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