En Veracruz la fiesta se vive a todo, incluso con el temible y fatídico coronavirus chino. En Coatzacoalcos, por ejemplo, la gente no quiere perder ni el acostumbrado sabadaba, ni el guateque familiar dominical. Su airoso relajamiento en las calles se prueba y comprueba con las altas cifras de contagiados y difuntos y con la larga fila para adquirir la refrescante cerveza en el súper de la colonia. La prensa nos trae en estos días la evidencia de esas laxitudes y desentiendes en un gran porcentaje de la población.

Y en otro tipo de revuelo preocupante en Veracruz, es la alta deuda con los bancos, que tienen el gobierno del estado y los veracruzanos en general, algo que también le preocupa a la ciudadanía, es el manejo adecuado y pulcro de ese endeudamiento y de los procesos administrativos y financieros en torno a dicha obligación de pago. 

Esta semana Carlos Loret de Mola inquietó a medio mundo y dejó la víbora chillando en la sala de todos los hogares jarochos. A través del portal noticioso LATINUS, el periodista soltó inquietante bomba: Cuitláhuac también merece abundancia; endeuda a Veracruz hasta 2040”.

El medio de comunicación que se publica en Estados Unidos hace un desglose de las operaciones crediticias realizadas por el gobernador García Jiménez, investigadas en Hacienda, señalando que durante su administración ha contratado empréstitos por un total de 41, 522 millones de pesos (24,000 el año anterior y 17,522 en este virulento año).

Sobre tal asunto, cabe recordar que hace pocas semanas, el gobierno informó las cifras actuales de la deuda estatal – ello sin reconocer pasivos con la Comisión Federal de Electricidad, Conagua, entre otros-, que indicaba una reducción sustancial que disminuía las obligaciones a 41 mil 420 millones de pesos. También en esa época los operadores de palacio deslizaron convenientes y oportunas calificaciones otorgadas a Veracruz por algunas agencias internacionales. Ya mejoramos, pensaron algunos en ese entonces.

En febrero pasado la Auditoría Superior de la Federación informó los importes de la deuda veracruzana en los años de cierre de recientes administraciones. En el Informe de Resultados de la Cuenta Pública 2018, se desglosan todas las cifras, resaltando que esta entidad tenía en 2010, un endeudamiento por 21, 499.9 millones; en 2016, un total de 49,192.3 millones y a finales del 2018, un monto de 47,232.6 millones de pesos.

Te puede interesar: La historia de la deuda pública en Veracruz

Pero la publicación de Loret dibuja un bailoteo de cantidades que mueve a preocupación e inquietó a los cuitlahusitas. Pareciera que las cifras cambian mágicamente en el escenario jarocho. Y se hace necesario que el mandatario estatal clarifique -con seriedad y no con pasquineros fieles- esta situación a la brevedad, antes que emerjan otras noticias con su desmenuzamiento de detalles numéricos, que compliquen el manejo “honesto”, “disciplinado” y “austero” de las finanzas públicas de Veracruz. Vivimos en las nuevas realidades, como apuntó el mayor filósofo de la administración del siglo XX Peter Drucker.

Cuitláhuac García tiene abundante conocimiento y práctica del baile. En muchas oportunidades, salones y colonias ha demostrado habilidad y cadencia para los escenarios y para la danza. Pero con tal desfile de cifras financieras en su gobierno, ya parece el chambelán de los números. Y en nada le ayuda que lo asemejen a Karime Macías, la anglosajona coatzacoalqueña bautizada por Yunes Linares como la Señora de la Abundancia.

Te puede interesar: Descubren los pasillos y pozos financieros del endeudamiento veracruzano

Publicidad