Como se afirmó en este espacio hace pocos días, Veracruz está cumpliendo seis años perdidos en materia de producción y crecimiento. Las cosas no marchan como debieran en los terrenos de la economía, el desarrollo social y la seguridad, entre otros aspectos. La función pública estatal sigue cayendo en la oscuridad y los encargados de levantarla no tienen ojos, ni intención, ni capacidad para hacerlo.

Una de las formas de enderezar el rumbo económico es mediante la construcción de infraestructura, la cual disminuyó desde el sexenio de Duarte, continuó baja con Yunes Linares, y a siete meses de iniciado el gobierno cuitlahuista, son escasas las evidencias de que el asunto se enderece.

A las irregularidades de aquellas famosas patrullas con sobreprecio, o los medicamentos adjudicados a dedazo puro en el sector salud, o el guerroso nepotismo cupular del gobierno veracruzano, ahora debemos sumar los deficientes y opacos procesos en la adjudicación de las obras públicas que se pagan con los impuestos de los ciudadanos. 

Y lo más grave es que no hay a dónde acudir para transparentar, para acusar deficiencias, o para pedir que los procesos administrativos se repongan o corrijan. La contralora Leslie Garibo, ya sabemos para qué fue nombrada, y también ya comprobamos que no sirve a los veracruzanos.

El día de ayer Palabras Claras presentó un amplio reportaje sobre un paquete de licitaciones que avergonzaron a dos o tres honrados colaboradores de la SIOP (Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas) y que inmediatamente cuestionaron varios de los empresarios constructores participantes en el proceso. 

Es preocupante que las instancias convocantes estén repartiendo el pastel presupuestal entre los eternos y mañosos colados a la fiesta, o persistentes convidados de Duarte de Ochoa y del binomio Yunes Linares-Rementería. Y es lamentable que una de las primeras obras de este gobierno se le otorgue a una empresa como EYASA -cuyo heredero accionista preside la CMIC local-, que está sumamente cuestionada por la pedestre “modernización” de la autopista Xalapa-Coatepec que hizo, y donde por sus deficiencias constructivas, ocurren diariamente serios accidentes que han dejado decenas de víctimas y costosas reparaciones de vehículos siniestrados.

La mano de corruptos e incompetentes funcionarios de SIOP, que asignan obras a postores con altos precios, están ensuciando al casi nueve veces honesto gobernador del estado y desde luego a todo el morenismo andresiano. 

Y aquí, vale una pregunta, también de a millón. Es que el cambio ofrecido por el presidente y por su gobernador estrella, bautizado como cuarta transformación, no es más que una zorruna faramalla para seguir siendo iguales. Una transformación color guinda que solo significa más de lo mismo, o sea, un vistoso y alegre giro de 360 grados.

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