El exceso de pantallas y faramallas del campeonato mundial de futbol, que ayer concluyó en Nueva York, parece haber incrementado el desatino y la irresponsabilidad en los gobernantes y funcionarios de México, personas simples de carne y hueso que día tras día insisten en interpretar al famoso Chespirito de Televisa.
Y lo grave es que la actitud se observa arriba y abajo, comenzado en la presidenta Sheinbaum, y continuado en el gustoso nado sincronizado de muchos personajes de la 4T, los que “sin querer queriendo” se pusieron muy de moda en los últimos meses. Pero el problema es que ninguno de ellos debieran hacer comedia, tampoco los gobernantes de otros particos, porque todos ellos -morenistas o no- tienen obligaciones constitucionales y compromisos pendientes de cumplir con la gente, y en lugar de obtener reconocimiento, están ganando fuertes rechiflas y descontento constante. Las encuestas de la simpatía lo muestran fatalmente.
Ese abuso de la buena fe de la gente, aplicado en exceso durante ocho años de morenismo, poco a poco ha ocasionado la decepción y el aburrimiento en la población, mandando al cesto de la basura, la oscura venda que en 2018 puso en sus ojos la zorruna maquinación de López Obrador.
Y esta mecánica es un error brutal de los altos jefes: es como si ellos pretendieran que el poder fuera elástico, o como si no tuviera fecha de caducidad. La simpatía por el obradorismo y el morenismo está en franca decadencia, y todo mundo sabe que no hay retorno.
Y además del autoengaño de la presidenta de la república, en esta situación se encuentran políticos como Clara Brugada, la reina de los baches, la informalidad y las mentiras chilangas, la modosa Rocío Nahle, el cuestionado gobernador Rocha de Sinaloa y varios más.
Y esa actitud que devora la percepción objetiva, permea hacia mandos más o menos equilibrados, incluso hasta en el mismísimo secretario Omar Harfuch y su evidente abducción en los cuernos de la luna y sin red de protección. En el secretario de seguridad, eso de manipular cifras e ir soltando falsedades, le está quitando credibilidad a alta velocidad.
En este momento, Claudia Sheinbaum está siendo cuestionada con microscopio por la sociedad mexicana, por su insólita protección, inacción y parcialidad en el caso de los 10 acusados por Estados Unidos, a quienes ella quiere limpiar a salivazo puro, con respuesta oficial de risa contenida o de rechifla monumental en la gente pensante.
Para acabarla de completar, mañosamente, la señora presidenta, ahora sí quiere salir en la foto de la clausura del Mundial en Estados Unidos, mientras que en México se escondió entre las pantallas gigantes bien masificadas. La señora se comporta como una mediocre mandataria de un país de cuarta, que se supone que México no es. Ya ni hablar del rotundo fracaso de su Poder Judicial construido a vil acordeonazo, que da muestras continuas del sucio manoseo desde Palacio Nacional con el beneplácito de La Chingada.
135 mil desaparecidos y sus familias se le reflejan en el espejo cada noche a Claudia Sheinbaum, mientras millones de ciudadanos jóvenes y viejos, la miran desconfiados, o ríen saboreando anticipadamente la derrota que se está ganando Morena en 2030. La mujer inteligente, honesta, justa y preocupada por el futuro, jamás apareció en palacio nacional.
En Veracruz, Rocío Nahle ya mandó a la basura sus vanguardistas camionetitas, porque la salud y las medicinas que prometió, exigieron esfuerzo y ya no le interesaron, tampoco recuerda los costosos elefantes blancos del estadio Pirata Fuente o de la Arena Macuiltépec del gaseoso y ganancioso Cuitláhuac García y de los hijos y entenados de Atanasio.
Ahora la ingeniera es feliz directora de un circo donde la secretaria Molina disfruta la payasada que bautizó como “cultura” o “rescate de pueblos originarios”, que en paralelo es una vulgar fuente de ingresos cuestionados y multidireccionales con festivales semanales y con “participantes internacionales” de escaso cruce fronterizo.
Los veracruzanos se desternillan con los “artistas” que este par de señoras anuncian en Facebook y en escribanías de bolsillo, como “los auténticos” representantes de la cultura y el arte de Veracruz”. Y se esconden en una transparencia presupuestal que resulta pedestre, apta para corruptos y aprendices.
Por cierto, ya que la gobernadora presumió dar el banderazo de un puente de mil 200 millones de pesos en los límites de Boca del Río y Alvarado, bautizado “de Sotavento”, que va sobre la desembocadura del Río Jamapa y el estero de Isla del Amor, una construcción que al estilo Dos Bocas de Nahle, probablemente carece de un verdadero estudio de impacto ambiental con medidas de mitigación, este medio tiene que señalar, que la mandataria veracruzana debió también destinar suficientes recursos estatales para resolver el problema de erosión costera de la zona de Barrancas, ahí en Alvarado, cuya problemática y peligro de pobladores, fue expuesta ayer por el periódico español El País, debido a que el mar se está llevando decenas de casas de humildes pescadores.
Esos 300 millones que SECVER no ha gastado (o desperdiciado en bailes masivos sin valor cultural), podría reencauzarlos a la comunidad de Barrancas, con lo que el gobierno nahlista se ganaría un aplauso real.
México sufre problemas serios que implican soluciones urgentes. Y el disgusto social y la rechifla pueden aumentar, y más porque ya es explosivo y en billones de pesos el endeudamiento nacional en los dos últimos sexenios. Y los problemas seguirán surgiendo y la población está volviendo a la realidad, a la inseguridad creciente y palpable, y a comprobar dentro de las familias, las graves carencias y faltantes, al contrario del adormilado discurso presidencial.
Claudia Sheinbaum y todos los mandatarios del país pueden hacer las correcciones necesarias y reconciliarse con la sociedad. A menos que el verdadero sentir de la 4T sea lo que afirmó hace pocos días, aquella correligionaria con micrófono que pidió desalojar el país por no comulgar con las ideas y el proyecto de quien ahora gobierna.


