A ver, a ver, respetados lectores: guarden la nave nodriza y bájense del ovni. No hay que perderse en fantasías galácticas cuando la realidad, áspera y ramplona, nos abofetea desde la trinchera del poder.

De acuerdo con lo consignado por el periodista y analista político Salvador García Soto en su columna “Serpientes y Escaleras” (“Se fue Taddei, pero ¿y sus padrinos?”), la estrepitosa salida de Guadalupe Taddei del Instituto Nacional Electoral (INE) no constituye ninguna tragedia institucional, sino un auténtico sainete de vecindad con burdos toques de ciencia ficción barata. La exmandamás del árbitro electoral salió por patas tras el escándalo ventilado sin pudor por su propio mecenas, amante y proveedor consentido, José Alfredo Hernández, quien desató su furia al ver clausurada la ventanilla de los jugosos contratos millonarios.

Pero no nos hagamos los ajenos ni veamos hacia otro lado. El auténtico artífice de esta cloaca con sotana guinda porta acento jarocho, debilidad confesa por los marcianos y unas aspiraciones a la gubernatura de Veracruz que se han estrellado una y otra vez contra la pared de la realidad: el diputado federal Sergio Gutiérrez Luna.

Mientras gran parte de la nación fijaba su atención en la farragosa elección judicial, el legislador operó con malicia una celada en el Senado para despojar al Consejo General de sus contrapesos naturales. Con ello, le endosó un cheque en blanco y facultades plenipotenciarias a una funcionaria de medianas luces para transformar al órgano garante de la democracia en un abrevadero de complicidades, mansiones exclusivas en el Pedregal y jugosos negocios entre cuates.

El resultado, previsible por lo escandaloso, saltó a la vista de todos: la señora huyó despavorida antes de cumplir una semana bajo el rigor del escrutinio público, dejando tras de sí un cráter humeante y un presupuesto federal literalmente abducido por la desvergüenza.

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿se atreverá la Auditoría Superior de la Federación a rascarle al fondo de este cochinero, o preferirán aplicar la vieja y confiable fórmula de perdonar entre camaradas? Ya va siendo hora de que los operadores de este régimen dejen de mirar al cielo buscando platillos voladores y asuman su responsabilidad histórica.

Explicar el saqueo sistemático al árbitro electoral no requiere de ciencia cuántica, sino de tantita decencia política. Aunque, viéndolos bien y analizando su conducta, pedirles vergüenza a estos muchachos es como exigirle una credencial del INE a los extraterrestres: pura y llana fantasía.

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