Antulio Ficachi
En México no hay problema.
Lo dice la voz oficial mientras el agua entra por las puertas, sube por las paredes y convierte la mañanera en sucursal del Golfo de México.
La presidenta Claudia Sheinbaum sigue hablando, el podio flota, los reporteros buscan salvavidas y, de pronto, atravesando el salón, aparece un tren del Interoceánico como si hubiera tomado mal una curva entre Oaxaca y la realidad.
Pero no pasa nada.
Porque una comentarista en lenguaje de señas confirma desde un recuadro que en México no hay problemas. Los subtítulos también ayudan: “Todo está bajo control”, mientras una ola se lleva tres micrófonos y un asesor.
Y es que la nueva filosofía nacional consiste en negar la inundación mientras se compra una sombrilla.
Así se ven los graves problemas de México desde el “segundo piso de la transformación”, a un día de iniciar el Mundial 2026.
***
Tampoco hay problema con el automóvil Olinia.
El Tesla mexicano nació. Aunque algunos malpensados lo rebautizaron como “El Auto Inservible”.
Durante décadas se criticó que el gobierno administrara hoteles, moteles, ingenios, aerolíneas, ferrocarriles y hasta negocios que nada tenían que ver con gobernar.
La solución era sencilla: dejar de hacerlo.
La cuarta transformación encontró una mejor idea.
Fabricar automóviles. No cualquier automóvil.
Un vehículo que alcanza velocidades que quisieran muchas bicicletas de montaña.
Un prodigio tecnológico diseñado para recorrer la distancia exacta entre la casa y el Oxxo.
Mientras faltan medicinas, sobran imágenes digitales, y si escasea la electricidad, aparece un coche eléctrico.
Cuando los productores esperan apoyos, el presupuesto descubre vocación automotriz.
En redes sociales circula una caricatura donde el pequeño vehículo explota, se desarma o se incendia después de recorrer algunos metros.
La realidad protesta porque le están quitando trabajo.
***
Tampoco hay problema con la seguridad.
La Embajada de Estados Unidos acaba de recordar a sus ciudadanos que revisen las alertas de viaje antes de venir a México al Mundial de 2026.
Nada grave. Solamente recomienda verificar qué estados son para vacacionar y cuáles para encomendarse al santo de preferencia.
La promoción turística quedó resumida en una frase:
“Bienvenidos al Mundial. Consulte primero el nivel de riesgo”.
Una especie de Airbnb combinado con Protección Civil.
***
Tampoco hay problema con el campo.
En Palma Sola, Veracruz, decenas de ganaderos descubrieron que la leche sigue saliendo de las vacas aunque los programas gubernamentales dejen de recibirla.
Miles de litros buscan comprador y al no encontrarlo la tiraron frente al Palacio del Mármol de Veracruz.
Los productores reciben menos dinero, las vacas continúan trabajando y la burocracia también, sólo que cada quien en horarios distintos.
Los afectados piden una mesa de diálogo antes de que las pérdidas se conviertan en bloqueos carreteros.
Para Rocío Nahle sólo fueron protestas de ganaderos de ‘ultraderecha’.
***
Tampoco hay problema en la oposición.
Arturo Castagné – el adversario número uno de la gobernadora de Veracruz- propone reunirse con el empresario Ricardo Salinas Pliego para organizar un movimiento ciudadano destinado a sacar a Morena del poder.
La idea resulta interesante.
Durante años los partidos prometieron representar a los ciudadanos. Ahora los ciudadanos buscan representar a los partidos.
Así se innova en la política mexicana.
***
Y tampoco hay problema en el PRI de Veracruz.
Américo Zúñiga renunció.
La dirigencia estatal respondió que su salida era irrelevante porque ya había traicionado antes.
La declaración abre una nueva escuela política: las renuncias ya habían renunciado.
Es decir, el hecho ocurrió antes de ocurrir.
La filosofía más barata del mercado político: si te abandonan, dices que ya se habían ido. El priismo más fofo convertido en doctrina.
***
En síntesis, en México no hay problema.
Y si alguien todavía ve alguno, seguramente es porque el nivel del agua le llegó a los ojos.








