El desfile del Día del Trabajo evidenció más que la conmemoración, exhibió la distancia entre el poder y la base laboral. Encabezado por la gobernadora Rocío Nahle García, junto a representantes de los otros poderes y la alcaldesa Daniela Griego Ceballos, el acto transcurrió sin sobresalto y sin respaldo visible.
La escena fue elocuente. Sindicatos en marcha, sí; entusiasmo, no. Las columnas avanzaron con orden, pero sin la carga política que históricamente ha caracterizado al 1 de mayo. No hubo consignas contundentes ni mensajes directos al templete. Más que respeto, predominó la indiferencia.
Desde lo alto, Nahle observó un desfile que no le habló. La administración estatal apostó por la institucionalidad, pero en la calle el lenguaje fue silencio, distancia y apatía. La gobernadora se mantuvo en su papel protocolario, sin interacción directa con los contingentes, en una jornada que evidenció la falta de conexión con la clase trabajadora.
El mismo tono marcó la presencia de Daniela Griego, cuya participación pasó prácticamente inadvertida. Las demandas locales -servicios, empleo, condiciones laborales- no encontraron cauce en un evento que, en los hechos, operó más como ceremonia que como espacio de interlocución.
Así, el desfile cumplió en forma, pero dejó un mensaje: la base obrera marchó, pero no acompañó. Y en política, la ausencia de ruido también comunica.







