“Hay un desmadre en Veracruz”, decía en vida Juan Carlos Molina. Esta fue la cabeza que utilizó NOTIMEX en una de sus publicaciones sobre el asesinato del diputado veracruzano en su rancho de Medellín el sábado al mediodía. El título de la nota preocupó a algunos políticos y funcionarios morenistas, conscientes de que Notimex es la agencia de noticias del gobierno federal.

La ácida y desesperada crítica de Molina Palacios la había expresado meses antes en el Congreso local, refiriéndose al tema de la inseguridad pública que padece Veracruz y que nadie detiene. Pero el diputado y líder estatal de la CNC priista, también había hablado fuerte en torno a que no llegaban los apoyos a los campesinos y productores del campo, falla que sin duda se debe al alarmante subejercicio presupuestal que tiene la dependencia responsable. 

Sin embargo, las palabras y las molestias del difunto y controvertido dirigente y productor ganadero, no han sido las únicas respecto al gobierno de Cuitláhuac García Jiménez. Horas antes del funesto acontecimiento, un líder magisterial había pedido la renuncia del secretario de seguridad pública, acusando el incremento de los secuestros de profesores en varias regiones del estado.

En materia de seguridad pública la situación es demasiado álgida y fofa. Las balaceras, los feminicidios, los cobros de piso y los delitos criminales siguen al alza, ignorando los discursos superficiales del ejecutivo estatal y de sus colaboradores. La gente no olvida las matanzas multitudinarias en Minatitlán y en Coatzacoalcos, que no tienen avance en las investigaciones. Y si se trata de temas como la salud, el pueblo sabe que el aumento del dengue y sus enfermos maltratados contradicen los resultados que el gabinete insiste en publicitar con poco éxito junto a las fake news de las redes sociales y las disminuidas campañas publicitarias.

La realidad es que el gobierno de Cuitláhuac García no aprende de sus errores y no encuentra el camino. La superficialidad ha llegado a los extremos de la autocomplacencia y el cinismo, con los maquillajes de calaveras y los bailes usados en celebraciones del Día de Muertos frente al Palacio de Gobierno, que impuso jocosamente y -por primera vez- el mismo gobernador.

Si se revisa el avance en el gasto del presupuesto público 2019, en los ramos de la inversión para la obra pública, para los programas sociales y para las actividades agropecuarias, se comprueba un sorprendente ejercicio menor al 20 por ciento en todo el año. Desde luego, en los rubros correspondientes a los sueldos, a los viáticos y a los servicios generales, en ellos el gasto es acorde a las fechas que corren. Esto indica que todos cobran puntualmente sus sueldos y prestaciones, aunque los funcionarios no rindan los resultados que Veracruz exige.

Resulta increíble que la campaña publicitaria del primer informe de gobierno se base en mentiras infantiles y en exageraciones, contrarrestando el efecto convincente de los pocos resultados que debe haber en algunas áreas. Cómo creer anuncios como “Por primera vez hay honestidad”, o “Por primera vez no hay corrupción”, cuando se ha constatado y publicado reiteradamente una serie de millonarias asignaciones directas en las compras y obras públicas del gobierno, nombramientos a personas sin preparación ni experiencia, y cuando el nepotismo en el primer círculo es más que evidente y desvergonzado. 

El gobierno de Cuitláhuac García no ha sido más que un largo show de despropósitos e ineficiencias, donde sobresalen el cinismo, la irresponsabilidad y el fracaso. Un año es mucho tiempo para el aprendizaje. Los veracruzanos no tienen por qué sufrir y cansarse del interminable proceso de ensayo y error cuitlahuista. 

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