En la conferencia mañanera de este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a colocar a la prensa y a los críticos de su gobierno en el centro de la escena política. Mientras crecen los señalamientos internacionales sobre presuntos vínculos de figuras de Morena con el narcotráfico, en Palacio Nacional el debate tomó otro rumbo: premiar la “mentira de la semana”.
Todo comenzó con una pregunta formulada desde el bloque habitual del oficialismo mediático. La reportera mencionó a un colectivo denominado “Mexicanos al Grito de Paz”, organización que ha difundido lonas, videos y campañas donde aparecen funcionarios federales señalados como “narcopolíticos”. Según la narrativa presentada en la mañanera, el grupo no estaría registrado ante la SEGOB y parte de su difusión habría sido impulsada por personajes cercanos al empresario Ricardo Salinas Pliego.
La pregunta no buscaba información nueva. Buscaba confirmar que todo señalamiento contra Morena proviene de intereses empresariales, mediáticos o conservadores.
La presidenta respondió: “No vean TV Azteca, se va a enojar Salinas Pliego y ha de estar escribiendo un X en este instante”. Después anunció que propuso a Luisa María Alcalde, la consejera jurídica, crear un premio denominado “El mitómano de la semana”, acompañado de una escenificación burlona, como si la política nacional necesitara efectos de circo para administrar el desgaste.
Desde Palacio Nacional se intenta desmontar al emisor y evita discutir el contenido del señalamiento. El poder no responde al significado del mensaje, sino que desplaza el lenguaje hacia la descalificación del interlocutor. El problema deja de ser el posible vínculo entre política y crimen organizado; el nuevo problema es quién lo dijo.
La palabra “mitómano” funciona entonces como mecanismo de sustitución. No aclara, no prueba, no refuta. Simplemente desplaza el centro de gravedad de la discusión pública. El gobierno convierte la crítica en espectáculo y al crítico en personaje.
Pero las acusaciones no nacieron en un programa de televisión ni en una lona callejera. Han surgido desde agencias, investigaciones y reportes de Estados Unidos donde aparecen nombres de figuras de Morena, entre ellos el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, relacionado públicamente con presuntos nexos criminales en distintas versiones difundidas en medios y espacios políticos estadounidenses.
Frente a eso, la presidencia responde con premios semanales para exhibir “mentiras”.
La mañanera vuelve así a operar como una maquinaria de inversión para demostrar que los del poder son víctimas y a la crítica como agresión organizada. El gobierno que concentra el aparato del Estado se coloca en posición de perseguido, mientras periodistas, medios y opositores son reducidos a caricatura pública desde el atril presidencial.
En Palacio Nacional no se discuten las acusaciones. Se administra el rollo. Y en medio de la crisis, la prioridad parece ser encontrar al “mitómano de la semana”, aunque el país siga esperando respuestas sobre algo más serio que una puesta en escena matutina.







