LA DINASTÍA DEL DESIERTO (12)

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Ese mes de junio, el gobierno de Martín Jonás pasó su primera prueba en el terreno de la política. El voto mayoritario de los santacruceños en favor de los candidatos del partido azul, dio tranquilidad y confianza a la dinastía de La Barca. Al domingo siguiente, los Jonás fueron convocados a la mansión del estero para celebrar los resultados de la elección y mostrar a los paisanos el beneficio de la unidad familiar y las ventajas de contar con un liderazgo fuerte como el que el patriarca ejercía.

El triunfo político indicaba que era totalmente factible el proyecto sucesorio para dejar en el gobierno a Martín Junior. La elección de Hernán en el municipio más importante del estado confirmaba esa apreciación y llenaba de regocijo a Patricia. Desde ese instante saboreaba el secreto orgullo de que sus hijos mayores encabezaran en poco tiempo las dos posiciones más destacadas de Santa Cruz.

Una vez conseguido ese objetivo, el gobernador se abocó a intensificar las acciones de los programas institucionales en todo el territorio, dando prioridad a las regiones con mayor rezago social y marginación. Estaba consciente de que esas tareas no resultaban costosas y eran factibles de realizar por su administración, considerando que su antecesor había dejado una gran deuda en la tesorería. En paralelo y cuidando criterios de economía, decidió continuar con la construcción de las obras más exigidas por la población, al tiempo que mantenía el discurso punitivo contra los exfuncionarios que robaron los caudales del erario.

Era tal el enojo de la población en contra de ellos, que resultaba conveniente apurar los procesos para llevarlos a prisión en el menor tiempo posible. Y como la sociedad sabía que no existían fondos suficientes en caja, tampoco exigían grandes cosas al gobierno.

Después de los comicios, la vida estatal volvía a la normalidad. Aunque en amplias zonas hubo resultados electorales en favor de la corriente de izquierda, el territorio conservó el predominio azul que había mostrado en la elección a gobernador un año antes. La zona porcina del río Pano, junto a los municipios del corredor cercano a Valle Verde y Santa Cruz, pudieron conservar la tendencia favorable a los intereses del gobernador.

Los candidatos de izquierda ganaron varios municipios alrededor de la capital del estado y en el área de influencia de Ciudad Quetzal, en la zona petrolera. Y como no había sucedido en su historia, el partido rojo cayó a la tercera posición, ganando solamente en municipios de menor relevancia.

El lunes por la mañana, al otro día de la elección, el partido azul había conseguido la joya de la corona, representada por la principal zona económica del estado: el puerto de Santa Cruz, el municipio de La Barca y otros aledaños. También triunfó en Valle Verde y sus anexos; en la región de Tres Corazones y en casi todos los municipios de la zona porcina.

Desde cincuenta años atrás, una amplia región era conocida por ese nombre, debido a que por ella cruzaba el caudaloso río Pano, una extensa cuenca hidrológica por donde salían al océano las contaminadas aguas del drenaje de la capital de la república y su zona metropolitana. Miles de votos en el norte fueron conseguidos porque los hermanos Jonás habían adquirido aliados poderosos en municipios indígenas y ganaderos de esa cuenca.

Con lo obtenido en esa jornada, podía afirmarse que todas las circunstancias favorables se acomodaban en el palacio de gobierno. Gracias a esas condiciones inmejorables, el gobernador decidió que era el momento oportuno para renegociar la deuda, destinando tiempo y atención a la difícil labor negociadora que realizaba Oscar.

Mientras eso sucedía en las oficinas, la envidia y la maledicencia, permeaban en las tertulias y reuniones de Santa Cruz. En la conversación pública, constantemente aparecían chistes y rumores tendenciosos sobre políticos, empresarios y dirigentes. En el café más concurrido de la ciudad, un viejo jubilado sorbía con disimulo su café con leche, mientras escuchaba a cuatro parlanchines parroquianos en la mesa vecina.

—Eso explica la increíble cantidad de votos que obtuvo Hernán—decía un joven de guayabera blanca—. El hermano del exfuncionario ganadero y citricultor que salió de viaje, asegura que éste ya devolvió un rancho, varios departamentos, tres casas en Texas y dos avionetas. Pero dice que esos ambiciosos no se llenan; que no conformes con todo lo que ya le quitaron, tuvo que entregar trescientos millones de pesos más, aparte de los doscientos que le habían exigido desde finales de abril.

—Pues dicen que el pillo empresario de los celulares, que vino desde de la zona porcina a convertirse en asesor político del cacique, les dejó un gran edificio y varias residencias en Manantial—confió uno de ellos, con un dejo arrogante—. Pero además, el tipo anda presumiendo impunidad porque vino a hacer labor de convencimiento y a mover a los grupos de colonos del puerto.

—¡Entonces, queda todo muy claro!—agregó, otro de los reunidos—. Muchos periodistas ven sumamente raro el modo tan fácil en que los Jonás arrasaron prácticamente en todas las secciones electorales. Esto quiere decir que había recursos hasta para comprar voluntades; y confirma el rumor de que dos noches antes de las votaciones, en grupos de vehículos con placas de otros estados, los operadores del partido azul, fueron observados cuando visitaban a cientos de vecinos en cuyas casas realizaban juntas a puerta cerrada.

—Si de esa forma lograron ganar en el puerto, empiezo a creer que la familia Jonás es capaz de apoderarse de la sucesión y que en verdad no tienen adversario para la gubernatura que viene—concluyó el que se había mantenido en silencio—. Por lo que se ha visto en estos meses, llegarán otros seis años de espera para los santacruceños. ¡Estamos de la fregada, hermanos!

Continuará…

LA DINASTÍA DEL DESIERTO 

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